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CENTRO CULRUTAL JOSE PIO AZA  
 
Lima, Octubre 23 , 2019
 
 
 
Publicado : Julio 2,2019   /   Visitas: 521
 
2.
Sínodo Amazónico: esperanza para la iglesia y para los pueblos indígenas
 
 
 

El misionero dominico, padre Roberto Ábalos, conoce muy de cerca la forma de ser de los indígenas Machiguenga, con quienes convive desde hace 15 años, en el Alto Urubamba, Cusco, al sur de Perú. Estos primeros 15 años “son todavía un periodo adolescente para poder tener una experiencia profunda, de lo que es realmente el alma de la Amazonía y el alma de estos pueblos y de estas gentes”, afirma totalmente convencido.

Es la Amazonía más hermosa

Yo diría que es Amazonía de montaña, indica el padre Roberto. “La gente piensa que Amazonía es el gran manto verde de la selva, donde no hay elevaciones de terreno. La parte nuestra es “ceja de selva”, tirando ya a selva plana. Es la Amazonía más hermosa. Allí hay comunidades indígenas, y si nos adentramos un poquito más (entre el Alto y Bajo Urubamba, entre ceja de selva y selva plana), encontramos también, algunos grupos, de los que mal llamamos “no contactados”. Porque ellos, hace mucho tiempo que contactaron con la civilización occidental, y ese contacto fue para ellos mortal.  De allí que se remontaran a lugares donde no pudieran acceder aquellos que llevaban armas. Época del caucho, hace ya 120 años aproximadamente, en que hubo una gran mortandad.

Entonces, ellos habían tenido una mortífera experiencia, de lo que era el hombre que venía de fuera. De allí, se les denominó “Kugapakori”, es decir “aquellos que matan”. Pero no, son aquellos que se defienden. Porque habían tenido experiencia de muerte cuando ellos vivían tranquila y pacíficamente en un medio exuberante y espléndido, regalo de “Tasorintsi”, para estos pueblos, estas culturas y estas gentes.

El Papa Francisco y la defensa de la Casa Común

Que un Papa de la Iglesia llegue a visitarlos, significó una gran alegría y una gran esperanza. “No sólo los misioneros sino la gente con la que compartimos la vida en la selva, en los ríos, en estos ríos del Alto Urubamba, que es donde yo me desempeño como visitador y paisano de estas gentes, diría, porque hemos adquirido ya esa calidad de ser paisano, de ser uno más de la comunidad, y tener voz y voto en las asambleas de nuestras comunidades”.

Nosotros nos pusimos muy contentos, ya antes, cuando el Papa Francisco publicó la Encíclica “Laudato Sí”, que hablaba precisamente del medio donde estamos compartiendo la vida con pueblos indígenas, en este caso con el pueblo Machiguenga… Luego, más contentos todavía cuando se nos invitaba a estar presentes en la visita que el Papa hizo a Puerto Maldonado, en el año 2018, que para nuestras comunidades y para nuestra Misión de San José de Koribeni, ha sido un año muy significativo porque hemos celebrado 100 años de presencia ininterrumpida en estos ríos y en estas comunidades.

Después de visitar al Papa y pedirle al Papa que la Iglesia Católica no abandonara a los pueblos amazónicos; en el Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado, nos hemos comprometido, en ir dialogando, teniendo encuentros, hablando un poquito de cuál es el medio, la defensa de la tierra, la defensa de la dignidad, la defensa de la cultura, de la lengua, de la educación, de la salud, y sobre todo, comprometiéndonos nosotros con ellos, los indígenas Machiguengas en este caso, en defender este territorio, defender los recursos naturales y, el mayor recurso que tienen, que es la propia vida de los niños, de los adolescentes, de los matrimonios y de los ancianos en este medio.

O sea, que todo lo que de fuera venga en apoyo de la defensa de nuestra tierra y de nuestra gente, es bienvenido. Yo creo que es un momento sumamente oportuno dado que el mundo ahora tiembla un poco hacia los derroteros por dónde camina esta civilización de avaricia por los recursos, de explotación ya irracional de toda esta belleza y este recurso que ha puesto Dios en el corazón de nuestra tierra, pues entonces yo creo que es bienvenido.

Se trata de establecer redes, lo más entretejidas que se pueda para defender este medio y para defender a estas criaturas, verdad. En respeto a esa Casa Común, porque, estas criaturas, bien lo dicen ellos mismos, que hasta ahora han sido los guardianes. Como decía con mucha gracia un Machiguenga, en una de nuestras comunidades: son “los guardianes de los oxígenos”. Y le reclamaban a Alan García, después de haber publicado su rabioso “Perro del hortelano” que en lugar de agredirles y decirles que son esturbo -decía él- para la sociedad, pues Alan García y todos los que viven aquí en la ciudad, e incluso los que viven allende las fronteras del Perú, en el universo, en este planetilla que es la tierra, debieran de estar muy agradecidos a la vida de estas gentes que han mantenido hasta ahora esta espléndida belleza, los oxígenos y sobre todo esta floresta y esta multiplicidad de especies, la más hermosa, ellos mismos, las criaturas que la habitan.

Llegada del dinero, la cultura del consumo y la corrupción

Durante los 15 años, como misionero y conviviendo con las comunidades machiguengas, el padre Roberto ha visto muchos cambios en la Amazonía. Algunos de ellos tienen que ver con la llegada de proyectos extractivos como el del Gas de Camisea.

“En estos 15 años, la vida ha evolucionado en los pueblos amazónicos. Han invadido el reposo, la tranquilidad, ha entrado la plata, el poder adquisitivo. Se han hecho proyectos en las comunidades”.

Por ejemplo, en una comunidad, como es Sangobatea, llegó la empresa, en aquel tiempo era la empresa Kuntur, porque iba a introducir el tubo del gaseoducto por el territorio de la comunidad. Yo recuerdo que trajeron a representantes de esta empresa y trajeron a un traductor machiguenga. Yo me di cuenta que el traductor (En latín “traductore” se traduce a veces como “traditore”, como traidor. Estos que traían la voz de su amo, es decir, para decirle a la comunidad las bondades que podía reportar, el que permitieran que el ducto de Camisea pasara por sus tierras. Pues hablaron de eso, de todos los beneficios que iba a tener.

Bueno, escucharon pacientemente, y cuando le dieron la voz a la propia comunidad. Intervinieron, y la gran mayoría de los que allí estaban empezaron así: No queremos que pase el tubo por nuestra tierra, porque puede reventar, nos puede contaminar el agua que tenemos. Y, si no tenemos agua, no tenemos vida. No podemos beber, los pocos pescaditos que aún tenemos y los animalitos que quedan se van a espantar y va a ser un perjuicio grande. Así que no queremos tubo en nuestra tierra.

Bueno, les dijeron, no se preocupen, todavía estamos iniciando, recién estamos comenzando, ustedes ya se irán dando cuenta de la necesidad, ya iremos acompañándolos, y desaparecieron.

A los 5 años, apareció la Odebrecht. Los de Sangobatea me llamaron: padre venga usted, porque va a venir la empresa Odebrecht para hablarnos ya de poner el tubo de una vez.

Bueno, llegué al aula, y ya habían puesto una cantidad. Creo que eran 250 mil soles. Bueno pues, toda la reunión fue para que incrementaran esa cantidad. Nadie habló ya qué va a pasar si revienta el tubo, qué va a pasar si se contamina el agua, qué nos puede suceder si nos quedamos realmente sin agua… Se discutía una cantidad.

¿Qué había pasado en estos 5 años? La gente se había acostumbrado a, muchos de ellos, salir de la comunidad para ganar un sueldo, bien en la empresa, bien el municipio, en obras no y abandonando la comunidad. Normalmente, abandonan la comunidad aquellos que ya han visto, un poquito, lo que hay más allá de su comunidad. Se han dado cuenta del valor adquisitivo del dinero para comprar aparatos y demás cosas. Normalmente, abandonan la comunidad los líderes de la comunidad; con lo cual, la comunidad queda frágil.

La familia queda sin el varón, la mamá tiene que ser padre y madre, de estas criaturas. Con el tiempo también, este señor que salió de la comunidad, pasa años y no regresa. Muchas veces establecen otra familia en núcleos urbanos, que es hacia donde van. Y muchas veces, es también la propia mamá la que sale, con lo cual estas criaturas quedan en manos de la abuela.

Bueno, total que el gas nos ha traído el afán por tener dinero. Han empezado los robos, han empezado las malversaciones, han empezado las sospechas de que el jefe de la comunidad se ha hecho la mejor casa, se ha quedado con plata. La empresa habla exclusivamente con él y no socializa la problemática que le han planteado, empieza las sospechas entre ellos, vienen los enfrentamientos en la comunidad… Y, bueno, allí estás tú, un poquito para ver de aliviar un poco el daño que está trayendo esto, verdad.

O sea, muchas familias, que ya están un poco en crisis, comunidades que se han quedado sin los mejores líderes, porque están obedeciendo la voz de su amo, de aquellos que le pagan, por a veces convencer a sus propios paisanos o engañarlos. Ahí empieza una desigualdad en las comunidades.

Ahora, con el famoso Canon de Camisea, el mayor beneficio lo está obteniendo el nuevo municipio de Megantoni. Ya se han establecido las diferencias entre machiguengas del Alto Urubamaba y machiguengas del Bajo Urubamba, que son familias y son comunidades que debieran mantener esta fuerza y esta riqueza que tiene la etnia, ¿no? Bueno pues, ahora el dinero ha hecho que unos sean ricos y otros no tengan los recursos y los beneficios que tienen los que viven en Megantoni.

Y, en Megantoni, se está dando lo que se dio en Echanati. Construir infraestructura, más infraestructura, mucha bloqueta, mucho cemento, muchos edificios, desproporcionados al número de gente que habita. Y, se da el caso de comunidades del Megantoni, los nativos se han visto abrumados por la cantidad de ingenieros y de personas que ingresan en su comunidad, que alteran un poco el ritmo de su vida mucho más plácida y contemplativa. Y, se remontan arriba del río, o cruzan el río, y dejan el terreno que acaba siendo ocupado por los colonos que han venido a trabajar supuestamente para ellos.

Yo, suelo hablar ahora en las comunidades, de lo que llamo el síndrome de “la última”. Y les digo que cuando un va a un mercado, y va a un puesto en concreto, lo primero que tiene que hacer es preguntar porque hay cola, hay gente que también está esperando para que se le atienda. Entonces, hay que preguntar ¿quién es la última?

Pues, ahora, llega tú a una comunidad nativa -esto sucedía más en Alto Urubamba, ahora sucede más en Megantoni-, una comunidad como Sababantiari, que serán como 40 familias, y tienes que esperar porque el mismo día que llegas tú, hay otras dos o tres ofertas de trabajo, que si es de apicultura, que si es de cacao, que si es de arroz, que si viene a darles una charla para darles refuerzo educativo, que si para refuerzo de salud. Pero las propias entidades de salud o de educación que son del estado, se quedan perplejas también porque no hay coordinación, entre los que dicen que vienen a reforzar la salud o la educación y los propios responsables de la educación y la salud, en estas comunidades. O sea, que hay una especie de torre de Babel: todos alrededor del recurso amazónico, en este caso el gas.

Yo, les digo que ese gas, es el espíritu de los antepasados, y que yo creo que, no van a estar muy contentos si los estamos vendiendo, si estamos explotándolo, si estamos sacando el espíritu de la madre selva, el espíritu del Tasorintsi para tener plata. Que, si se utilizara, con toda la prudencia, con toda la sensibilidad que hay que poner cuando uno pisa la tierra. -Como Moisés, que hay que besar esa tierra, porque es Tierra Sagrada-, y, si vamos a sacar ese espíritu, si fuera para beneficio de la salud, de la educación, de la armonía, del respeto por la madre selva, haciendo una utilización lógica y benemérita de este recurso, y que redundara en ellos, yo creo que podría descansar en paz, el espíritu de los antepasados. Pero, creo que está bastante revuelto.

Y también te hablan ellos que en la noche escuchan ciertas voces, que tienen inquietud, porque algo no está funcionando bien en los ríos, en la tierra y en sus propias comunidades, ¿no?

Ver nota completa en Iglesias y Minerías

Entrevista realizada por la periodista Mónica Villanueva, laica dominica del Centro Cultural José Pío Aza, Lima – Perú

 

 

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