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Lima, Septiembre 18 , 2020
 
 
 
Publicado : Junio 30,2020   /   Visitas: 533
 
3.
"Nuestros pueblos tienen mucho que aportar en la mesa común de la humanidad" Mons. David
 
 
 

30 de junio de 2020.- Hace apenas seis años Mons. David Martínez de Aguirre vivía en la comunidad nativa de Kirigueti, en la selva del Cusco. Hablaba en matsigenka y aceptaba, feliz, que le pintaran la cara con achiote y le regalaran, en señal de bienvenida, un tazón de masato. Ayer, este misionero español de corazón indígena, desde 2014 obispo del Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado, fue elegido vicepresidente de la Conferencia Eclesial Amazónica. Una institución que pronto será presentada ante el Papa Francisco para su aprobación definitiva y que, además, se presenta como algo inédito dentro de la Iglesia Católica Universal.

 

En esta nueva misión, el reto será encarnar en la Amazonía el Evangelio a través de un organismo que sea lo más cercano posible a la realidad de la selva y sus gentes, que responde a los anhelos de los pueblos, de los pobres y del cuidado de la casa común. En esta entrevista, realizada en micrófono de Radio Madre de Dios, Mons. David Martínez de Aguirre nos explica cómo se ha dado la conformación de la Conferencia Eclesial Amazónica (CEA) y cómo afronta el nuevo papel que le tocará asumir.

 

¿Cómo ha sido el proceso para la conformación de la Conferencia Eclesial Amazónica, que ya se anunciaba después del Sínodo de la Amazonía?

Efectivamente, después del Sínodo de la Amazonía se conformó un comité post-sinodal para dar continuidad al Sínodo, que fue fruto de todo un trabajo grande, de años atrás de todas las comunidades de la Amazonía. Se quería que esos documentos del Sínodo, ese trabajo conjunto, donde se marcaban unos retos, empiece a concretarse en la vida misma de nuestra Amazonía. Y una de las cosas es que se veían necesarias era conformar un organismo eclesial amazónico que articule el trabajo de toda la iglesia amazónica, luego el Papa también nos animó en Querida Amazonia. Fruto de ese sueño nace esta Conferencia Eclesial de la Amazonía. Ha habido un comité preparatorio y tanto el viernes como ayer lunes nos convocaron a los obispos de las diferentes conferencias episcopales amazónicas, junto con miembros indígenas que ya se habían propuesto en el comité postsinodal. Hemos dado nacimiento a esta Conferencia Eclesial de la Amazonía, que se va a presentar al Papa Francisco para su validación. Es de esa manera que nace este nuevo organismo que quiere articular el trabajo de la Iglesia hacia la inculturación del Evangelio.

 

Entonces, ¿este organismo es una respuesta oportuna a la necesidad del grito de los pobres y de la tierra que nace desde los pueblos de la Amazonía?

El Sínodo de la Amazonía, si bien es cierto que ha sido para nuestros pueblos, para organizarnos como Iglesia, ha tenido una repercusión universal importante, porque la Amazonía es un bioma crucial para la humanidad y el cuidado del planeta. Ha supuesto decir “hermanos, el sistema económico que impera en el mundo tiene unas consecuencias letales en los lugares donde nosotros vivimos, en nuestros territorios, y afecta a nuestras vidas”. Eso va a seguir ocurriendo con esta conferencia. Es un llamado de atención, pero también es decir que nuestro mundo camina con un modelo de desarrollo económico que, además de llevar al planeta a una situación límite, genera unas desigualdades terribles. Este sistema que produce un descarte en las personas, que genera basura, que destruye el planeta; está claro que hay algo que no funciona, que no cuadra y desde la vida de nuestros pueblos descubrimos una forma de vida que creemos que puede ser alternativa para el resto de la humanidad. Este es un mensaje que se vive de nuestros pueblos, que no solamente son objetos de recibir aprendizaje, sino que ellos son sujetos, actores que tienen que sentarse a la mesa y que tienen propuestas y una voz importante, que tiene que ser escuchada, no solo para su vida de ellos, sino para el proyecto de toda la humanidad. Ellos también tienen algo que aportar en la mesa común de toda la humanidad.

 

En lo personal, ¿cómo se siente, después de estos años y, en lo actual, con este nombramiento?

Es una ilusión muy grande por todo lo que hemos vivido y soñado durante tantos años en las comunidades, y todo lo que los misioneros con los pueblos indígenas y en tantas comunidades campesinas hemos soñado y visto. Teníamos la sensación de que, en la Iglesia, como la vivimos en la Amazonía, no era tomada en cuenta. De esto hay muchos ejemplos en la biblia, como el rey David era el que parecía que no contaba para nada, pero él es el escogido. Hay cantidad de ejemplos de cómo Dios se fija en el sencillo, cómo la mirada de Dios es una mirada diferente a la de los hombres. Nuestras misiones no tenían la visibilidad que ahora tienen y, en ese sentido, es bonito porque uno siente que la vida de aquello que quiere, de lo que ama, puede compartir ese amor con otros. Siempre es bonito mostrar al enamorado, a la enamorada, pero por otro lado uno tiene ganas de invisibilidad, de quedar un poquito más en la comunidad y estar ayudando desde la retaguardia. Ayer cuando me elegían para este servicio, pensaba que a esto me ha llevado la gente de Puerto Maldonado. La gente de nuestro Vicariato en el encuentro con el Papa, porque aquel encuentro con el Papa le gustó mucho, se llevó un bonito recuerdo de Puerto Maldonado y, lo mismo, a los obispos de la Amazonía y eso ha hecho que Puerto Maldonado sea una jurisdicción importante de la iglesia y hoy en la Amazonía.

 

La Iglesia amazónica tienes que ser signo de esperanza, ¿cómo lograrlo en este momento?

En gran medida ya se está haciendo. ¿Cómo? Estando metidos en el sufrimiento, es importante que no nos aislemos, que esta cuarentena nos lleve a una cercanía del corazón, y es la mejor manera de hacer esperanza. No olvidarnos de llamar al que está enfermo, pasar un plato de comida al vecino que sabemos que está en dificultades. Estar pendientes unos de otros, creo que es la mejor manera de ser esperanza, que sintamos ese calor de familia, no hay peor cosa que la soledad. He escuchado testimonios de personas que han pasado por el Covid y una de las palabras más terribles que escuchas es la soledad. Personas que a veces lo pasan solos o igual con dos o tres hijos, estando solos y enfermos. Apoyarnos unos a otros, ayudarnos todo lo que podamos, es la mejor manera de ser esperanza.

 

Por: B. García (CAAAP), C. González y C. Pita (Radio Madre de Dios)

ENTREVISTA COMPLETA

 

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